El amor es una decisiòn. Y esa decisiòn
conlleva compromisos y nuevas decisiònes.
lo mismo ocurre con el amor de Dios:¿lo
queremos recibir? ¿Queremos vivir de acue-
rdo a lo que recibimos?
¿hasta dònde somos capaces de llevar el amor
que Dios nos tiene?
copiado de la
liturgia cotidiana
enero 2012
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