Evocar los momentos gratos que vivimos con la
persona que muriò y sus cualidades
reduce la nostalgia y disipa poco a
poco el dolor.La mente es una gran
aliada en esos momentos, pero tam-
bièn una enemiga silenciosa, ya que
puede hacernos mantener vivo el
dolor en vez de llevarnos a la acep-taciòn pensando en lo bueno.
Reconocer el regalo que nos dejan.
Cuando un ser querido se va, nos
deja un gran regalo para ayudarnos a
vivir mejor: por ejemplo, nos harà
descubrir nuevas maneras de usar la
libertad, a ser màs autosuficientes y
a revalorar la vida y a la gente.
Copiado de la revista Selecciones
(octubre 2011)
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